Existen importantes experiencias que obedecen a propuestas de acción y desarrollo, estas muestran esfuerzos colectivos que abordan con pertinencia nuevos enfoques de trabajo desde la participación de las organizaciones de base. Muchas de estas experiencias han generado aportes interesantes para comprender mejor la inequidad en torno al acceso a los beneficios del desarrollo.
El desarrollo de base consiste en la capacidad colectiva de las organizaciones comunitarias para poner en movimiento, por si mismas, los recursos humanos, físicos y económicos disponibles en ellas y en su entorno, definir sus necesidades, identificar las alternativas de acción más viables para la superación de sus problemas, identificar, formular, ejecutar y evaluar planes, programas y proyectos de desarrollo. También consiste en el incremento y cualificación de las organizaciones entre si, y con los actores públicos y privados, de manera que se consoliden en ambientes favorables a sus iniciativas y a su participación permanente en los asuntos públicos.
En ese sentido, el desarrollo de base es un generador de capital social y esta dado por la calidad de las relaciones que se dan en función de asuntos de interés común entre ciudadanos, grupos, organizaciones e instituciones. El mayor capital social existente en una sociedad produce mayores o menores niveles de cohesión colectiva, cooperación e interlocución entre distintos actores, y su crecimiento esta determinado por factores como confianza, horizontalidad, solidaridad, participación y respeto.
Cuando en las organizaciones comunitarias existe mayor capacidad para autoconvocarse, definir colectivamente sus necesidades, identificar, ejecutar y evaluar de forma compartida alternativas de desarrollo, se genera mayor confianza entre sus integrantes y se crean condiciones para que estas organizaciones cualifiquen sus relaciones con otras organizaciones, con la empresa privada y el estado.
Si bien la mayoría de experiencias que promueven el trabajo con organizaciones de base, resultan interesantes y estratégicas en el marco de la conducción de procesos de desarrollo, también son importantes como referentes para la construcción de aprendizaje, por contribuir al crecimiento del capital social y del capital humano, requisitos indispensables para reducir la pobreza.